Estuve un largo rato así, mirando la ventana, hasta que me dio hambre y me fui para la cocina a prepararme un sándwich. La verdad es que estar sola tenía sus ventajas, por ejemplo, no tenía que cocinar. Ya que cuando estaban mis hermanas yo era la que cocinaba, en cambio, ahora podía comer lo que yo quiera, sin pensar en los otros.
Escuché el ruido de la cerradura así que supuse que Yvonne había llegado del colegio, pero de seguro solo había venido a dejar la mochila porque se iba a ir a algún lado, como todos los días. Para mi sorpresa, me equivoqué. Ella llegó con una mirada triste que escondían muchas lágrimas. Trataba a toda costa de esconder su cara, sabía muy bien que yo reconocía fácilmente los estados de ánimo de los demás. Sin embargo no lo logró, y cuando ví aquella mirada, no pude hacer menos que sorprenderme ¿Qué le decía? ¡Nunca me había encontrado en una situación como esa!
Yvonne me sonrió como si nada pasara y me dijo que si podía le preparara un sándwich a ella también.
Las dos nos sentamos a comer en silencio, yo no pensaba hablar, y tampoco esperaba que Yvonne tomara la iniciativa, sin embargo, lo hizo:
- ¿Y como te fue en el cole?
- Bi.. bien. – Era rarísimo que me lo preguntara, ya que siempre estaba ocupada hablando por teléfono, saliendo con sus amigas o haciendo tareas. Estaba siempre tan ocupada que no tenía ni un segundo para charlar conmigo. Aún así yo no la calificaba de egoísta, es más, admiraba su manera tan despreocupada sobre todo.
Antes de que me diera cuenta le había preguntado la típica “¿Y vos?”. Ella no titubeó ni un segundo, ni se puso nerviosa ni nada por el estilo, es más, dijo un “Bien” tan cierto que hasta casi me la creo.
Las dos nuevamente nos quedamos mudas y pareció que nuestra pequeña charla había terminado ahí. Me dediqué a mirarla mientras comía.
¡Es tan hermosa! Con unos ojos enormes color verde, nariz respingada y unos labios perfectos. Y su piel tan pálida parecía una gema valiosa, suave y excéntrica, única y buscada.
Ella se dio cuenta de mi desubicada manera de mirarla, se rió y me dijo burlona:
- ¿Qué? ¿Tengo monos en la cara?
- No, es que sos muy bonita. – Dije sin darme cuenta.
Yvonne pareció sorprenderse por mi respuesta, y se rió algo nerviosa. Y me contestó:
- ¿En serio? ¡Mira vos! Y yo que creía que vos eras la bonita de la familia.
- ¿Yo? ¿De donde sacaste tan estúpida idea?
- Bueno bueno che, hay que levantar el autoestima me parece…
Yo me reí ante su comentario, no es que tuviera el autoestima baja, si no que todo el mundo sabía que Yvonne era MUY bonita, y si nos comparaban a las dos, definitivamente ella ganaba, y mas a mí que no tenía nada en especial.
- No, solo que vos definitivamente sos la mas linda. Todos lo saben.
- No, no ¡Mirate! ¡Sos preciosa! Con esos rulos negros y cejas tan salvajes.
Me reí nuevamente ¡Hacía que mis rasgos mas feos se conviertan en los mas lindos! Yo que siempre ansiaba tener el pelo liso y odiaba mis cejas porque parecían una selva.
- Si para vos están así, urgentemente tenes que ir al oculista.
- ¡Bueno! ¡Con vos es imposible Tabitha! – Y echo a reír.
Entonces las dos comenzamos a decirnos lo que la otra siempre consideró sus rasgos malos convirtiéndolos en los mejores. Acabamos luego de un rato, entre risas y sintiéndonos las mas bellas.
De las mejillas de Yvonne comenzaron a caer lágrimas de lo que yo consideré de risa, hasta que sus carcajadas comenzaron a bajar de tono hasta convertirse en sollozos.
Era imposible escapar, estaba llorando ¿Que le decía? Sabía bien que preguntandole que le pasa solo empeoraría las cosas, asi que le puse mi mano sobre el hombro tratando de calmarla.
Estuvimos un largo rato así, ella sollozando y yo con mi mano en su hombro y diciendo “ya, ya” dulcemente. Yvonne por primera vez desde que comenzó a llorar, me miró con sus enormes ojos verdes, ahora totalmente hinchados y rojos y me abrazó.
Al abrazarme comenzó a llorar más fuerte y yo la verdad, también quería llorar, me ponía muy mal verla así.
Cuando vi que se había calmado bastante, me levanté y le dí un vaso de agua. Se lo tomó todo de un tirón. Me miró y se dio cuenta de mis ojos llenos de intriga, pero no me dijo nada.
Perdoname, comenzó a decir.
- ¿Perdonarte porqué? – Dije yo molesta.
- No se, no tenías porque verme así… de esta manera...
- ¿Qué tiene de malo? Somos hermanas y…
- Si, ya se, solo que odio que me vean llorar, además esto te debe haber puesto bastante incomoda.
- No, para nada. – Mentí yo, solo que soy muy mala mintiendo y Yvonne me lanzó una mirada como diciendo “vamos, no me engañes a mi”. – Bueno, si, me incomodo un poco, pero a todos nos incomoda ver a los demás llorar y no tiene porque ponerte mal el echo de haber soltado lo que sentías.
Ella solo me contestó con una sonrisa y se dispuso a levantarse, al darme cuenta de que no me iba a contar el por qué de su llanto agregué:
- Cuando quieras hablar, decime.
Ella se dio vuelta y me sonrió tristemente y se marchó a su habitación, probablemente a llorar tranquila.
Me quedé sola en la cocina y miré la hora ¡Las 16:40! Tenía que ir a buscar a Bahía, así que busqué la llave, la puse en la cerradura y cerré la puerta dejando atrás la tristeza de mi hermana.
domingo, 7 de junio de 2009
sábado, 6 de junio de 2009
Capítulo 2.
Iba caminando junto con Bahía mientras ella me iba contando cosas sobre que Anita le dijo “tonta” a Bárbara, o algo sobre el estilo. Francamente, no le preste demasiada atención, estaba demasiado ocupada pensando en aquellos ojos grises. Esa mujer con la que soñé ¿Habrá sido mi mamá? Porque lo cierto es, que yo no la recuerdo. Murió cuando tenía 4, en el parto de mi hermanita y mi memoria no funciona muy bien.
No recuerdo su rostro, ni su forma de ser, ni el funeral, ni nada.
Yvonne la conoció más que yo, ya que ella tenía 6 años. Pero jamás me habla sobre ella.
Nunca tuve una relación muy buena con esa adolescente totalmente opuesta a mí, así que nunca me atrevía a hablar de nuestra madre con ella. Ya que siempre que le preguntaba algo cambiaba de tema, miraba para otro lado o me daba una respuesta corta dejándome con más intriga aún. Y de mi papá ni hablar, nunca nos quiso mostrar ni una foto de ella. Jamás la nombra y el día de la madre, para él es como cualquier otro, ni siquiera vamos al cementerio. Tampoco se el día de su cumpleaños.
Bahía se dio cuenta de mi poco interés en su historia y me miró con ojos curiosos, aquellos ojos como la mujer de mi sueño, y me dijo:
- ¿Qué te pasa?
- ¿Yooo? Nada. – Dije haciéndome la tonta.
- Por supuesto que te pasa algo, no hablas ni me prestas atención ¿En que pensás?
Yo sabía bien que es imposible pararla a la enana cuando se le mete una idea en la cabeza, así que le conté la verdad.
- ¡Como me gustaría soñar con mamá!
- ¿Nunca soñaste con ella? – Pregunté sorprendida
- No. Nunca.
- ¡Que lastima! Igual no se si era mamá…
- ¡Aii Tabitha! ¿Quién mas va a ser?
- No se. Pensándolo bien, seguro que era ella.
- ¿Y como era?
- Ya te dije.
- No, ya se ¿Pero era bonita?
Esa pregunta me dejo en seco. La verdad que no lo era. No era de esa belleza despampanante que era imposible no mirar o darse vuelta para ver si esa persona tan linda era real (como Yvonne). Era extraño que no haya resultado bonita. Por lo menos, no en mi sueños.
- Creo que no.
- ¿¡Cómo que no!?
- No se, era bonita, pero a su manera.
- Ah entonces esta bien. – Dijo Bahía con un brillo pícaro en sus ojos ¡Me hacía acordar tanto a mi “mamá”!
Yvonne iba delante de nosotras a unos metros, con unas amigas tan bonitas como ella.
Un par de chicos pasaron y silbaron, a lo que Yvonne los miro con desprecio y siguió caminando como una reina. Entonces miro hacia atrás y nos sonrió, pero no nos espero.
Lleve a Bahía a la primaria, le di un beso en la mejilla, plata y le dije que la encontraba a la salida y que tenga un buen día. Ella me abrazó y se fue.
Me dirigí a la secundaria que quedaba al lado, donde se encontraban mis amigas Alexia y Fanny. Me sentí muy feliz de verlas. Adoraba ir al colegio, ahí me olvidaba por completo de mi casa, de mis problemas y de la poca atención de mi padre. Aunque la verdad no se puede decir que yo era el centro de atención. Más bien, nadie que no sea mis amigas se interesaba demasiado en mí, pero tampoco me molestaban. Con eso me bastaba. Además, acá no tenía responsabilidades (salvo estudiar, claro) pero me refiero a cuidar a mi hermanita, comprar la comida o limpiar un poco. Acá yo era yo y eso era suficiente. Me sentía querida y segura. Nadie me exigía nada, ni yo tenía que exigirme.
Me senté con Alexia, como todos los días y Fanny con Brigitte. La verdad, no me caía ni medio. Y yo a ella tampoco, claro.
Alexia es mi mejor amiga, pero en un tiempo lo fue Fanny. Va, mas bien ese tiempo fueron 4 años. Pero cuando entramos a la secundaria Fanny conoció a Brigitte, quien fue su nueva mejor amiga. Eso me provocó un ataque de celos y nos peleamos, Brigitte se metió diciendo que no molestara a SU amiga junto con otra sarta de tonterías. Me pareció la mas estúpida, peleadora e inmadura. En ese tiempo en el que estuvimos peleadas me hice amiga de Alexia, pero luego Fanny y yo nos reconciliamos, igual, nuestra relación no volvió a ser igual (Dios, parece como si hablara de un novio). Aún así nos llevamos muy bien, y sigue siendo una de mis mejores amigas, pero primero esta Alexia y para ella primero está Brigitte.
El día transcurrió de lo más normal. O sea, aburrido. Salí del colegio y me fui caminando a la primaria a buscar a mi hermanita con Alexia, Fanny y Brigitte, ya que ellas tomaban ese mismo camino.
Al llegar Bahía me pidió permiso para ir a comer a lo de Anita, si bien no quería porque odiaba quedarme sola, seria muy egoísta decirle que no encerrándola en casa conmigo, así que le concedí su pedido. Ella me dijo que pasara a buscarla a las 5 y me despidió con un beso. Genial, con lo que me gustaba iba a tener que estar sola hasta las 5…
Miré a Alexia y le pregunté:
- ¿Queres venir a comer a casa?
Ella rió y me contesto:
- De querer, quiero, pero hoy no puedo porque tengo que ir al dentista.
Y me sonrió exponiendo sus brakets, su sonrisa se evaporo al ver mis esfuerzos por no desilusionarme. Rápidamente se excusó:
- Discúlpame Tabitha, pero hoy no puedo, igual te juro que yo…
- No, Alexia, está bien, deja, no hay drama. – Dije yo echándome a reír tratando de disimular mí tristeza.
Ella me sonrió casi como con pena. Odiaba que me miren así, por suerte Fanny interrumpió su mirada, diciéndome:
- ¿No querés venir a comer a mi casa?
Me di cuenta de la mirada ácida de Brigitte, ya que por lo visto, también iba a almorzar a su casa.
- Mmm... Si, dale ¡Ah no! – Dije haciéndome la tonta - ¡Cierto que hoy… hoy tenía que ir al doctor!
- ¿Al doctor? ¿Por qué? ¿Qué tenés?
- Ah no nada, voy para que me revisen nomás, últimamente me duele mucho la cabeza – Mentí.
Fanny se dio cuenta de mi mentira, y del por qué. Me contestó con una sonrisa y un “como quieras” y nos despedimos.
Me fui caminando lento, muy lento a casa. No tenía ganas de llegar y entrar a esa casa solitaria con olor a humedad de tanto encierro.
Me consolé pensando que podía abrir las ventanas lo mas que podía, porque cuando había alguien, siempre le molestaba que estén las ventanas abiertas, porque entra frío, o si no, mucho sol ¡Parecen vampiros!
Mis pasos lentos no sirvieron de mucho, mi casa estaba a solo 3 cuadras de la escuela, por lo cual llegue bastante rápido.
Estaba por abrir todas las ventanas, hasta que pensé que podía entrar algún ladrón o alguien podría estar espiando, así que me dio miedo y no lo hice. Decidí que la única que abriría sería la de mi habitación.
Así que subí escaleras arriba, entre a mi pieza, abrí la ventana y me quede un largo rato mirando en ella, en especial en el cielo ¿Allá estará? ¿Me está mirando? ¿Sabrá que la extraño?
Clave mis ojos en el cielo una vez mas y jure haber visto unos ojos grises que me miraban con ternura.
No recuerdo su rostro, ni su forma de ser, ni el funeral, ni nada.
Yvonne la conoció más que yo, ya que ella tenía 6 años. Pero jamás me habla sobre ella.
Nunca tuve una relación muy buena con esa adolescente totalmente opuesta a mí, así que nunca me atrevía a hablar de nuestra madre con ella. Ya que siempre que le preguntaba algo cambiaba de tema, miraba para otro lado o me daba una respuesta corta dejándome con más intriga aún. Y de mi papá ni hablar, nunca nos quiso mostrar ni una foto de ella. Jamás la nombra y el día de la madre, para él es como cualquier otro, ni siquiera vamos al cementerio. Tampoco se el día de su cumpleaños.
Bahía se dio cuenta de mi poco interés en su historia y me miró con ojos curiosos, aquellos ojos como la mujer de mi sueño, y me dijo:
- ¿Qué te pasa?
- ¿Yooo? Nada. – Dije haciéndome la tonta.
- Por supuesto que te pasa algo, no hablas ni me prestas atención ¿En que pensás?
Yo sabía bien que es imposible pararla a la enana cuando se le mete una idea en la cabeza, así que le conté la verdad.
- ¡Como me gustaría soñar con mamá!
- ¿Nunca soñaste con ella? – Pregunté sorprendida
- No. Nunca.
- ¡Que lastima! Igual no se si era mamá…
- ¡Aii Tabitha! ¿Quién mas va a ser?
- No se. Pensándolo bien, seguro que era ella.
- ¿Y como era?
- Ya te dije.
- No, ya se ¿Pero era bonita?
Esa pregunta me dejo en seco. La verdad que no lo era. No era de esa belleza despampanante que era imposible no mirar o darse vuelta para ver si esa persona tan linda era real (como Yvonne). Era extraño que no haya resultado bonita. Por lo menos, no en mi sueños.
- Creo que no.
- ¿¡Cómo que no!?
- No se, era bonita, pero a su manera.
- Ah entonces esta bien. – Dijo Bahía con un brillo pícaro en sus ojos ¡Me hacía acordar tanto a mi “mamá”!
Yvonne iba delante de nosotras a unos metros, con unas amigas tan bonitas como ella.
Un par de chicos pasaron y silbaron, a lo que Yvonne los miro con desprecio y siguió caminando como una reina. Entonces miro hacia atrás y nos sonrió, pero no nos espero.
Lleve a Bahía a la primaria, le di un beso en la mejilla, plata y le dije que la encontraba a la salida y que tenga un buen día. Ella me abrazó y se fue.
Me dirigí a la secundaria que quedaba al lado, donde se encontraban mis amigas Alexia y Fanny. Me sentí muy feliz de verlas. Adoraba ir al colegio, ahí me olvidaba por completo de mi casa, de mis problemas y de la poca atención de mi padre. Aunque la verdad no se puede decir que yo era el centro de atención. Más bien, nadie que no sea mis amigas se interesaba demasiado en mí, pero tampoco me molestaban. Con eso me bastaba. Además, acá no tenía responsabilidades (salvo estudiar, claro) pero me refiero a cuidar a mi hermanita, comprar la comida o limpiar un poco. Acá yo era yo y eso era suficiente. Me sentía querida y segura. Nadie me exigía nada, ni yo tenía que exigirme.
Me senté con Alexia, como todos los días y Fanny con Brigitte. La verdad, no me caía ni medio. Y yo a ella tampoco, claro.
Alexia es mi mejor amiga, pero en un tiempo lo fue Fanny. Va, mas bien ese tiempo fueron 4 años. Pero cuando entramos a la secundaria Fanny conoció a Brigitte, quien fue su nueva mejor amiga. Eso me provocó un ataque de celos y nos peleamos, Brigitte se metió diciendo que no molestara a SU amiga junto con otra sarta de tonterías. Me pareció la mas estúpida, peleadora e inmadura. En ese tiempo en el que estuvimos peleadas me hice amiga de Alexia, pero luego Fanny y yo nos reconciliamos, igual, nuestra relación no volvió a ser igual (Dios, parece como si hablara de un novio). Aún así nos llevamos muy bien, y sigue siendo una de mis mejores amigas, pero primero esta Alexia y para ella primero está Brigitte.
El día transcurrió de lo más normal. O sea, aburrido. Salí del colegio y me fui caminando a la primaria a buscar a mi hermanita con Alexia, Fanny y Brigitte, ya que ellas tomaban ese mismo camino.
Al llegar Bahía me pidió permiso para ir a comer a lo de Anita, si bien no quería porque odiaba quedarme sola, seria muy egoísta decirle que no encerrándola en casa conmigo, así que le concedí su pedido. Ella me dijo que pasara a buscarla a las 5 y me despidió con un beso. Genial, con lo que me gustaba iba a tener que estar sola hasta las 5…
Miré a Alexia y le pregunté:
- ¿Queres venir a comer a casa?
Ella rió y me contesto:
- De querer, quiero, pero hoy no puedo porque tengo que ir al dentista.
Y me sonrió exponiendo sus brakets, su sonrisa se evaporo al ver mis esfuerzos por no desilusionarme. Rápidamente se excusó:
- Discúlpame Tabitha, pero hoy no puedo, igual te juro que yo…
- No, Alexia, está bien, deja, no hay drama. – Dije yo echándome a reír tratando de disimular mí tristeza.
Ella me sonrió casi como con pena. Odiaba que me miren así, por suerte Fanny interrumpió su mirada, diciéndome:
- ¿No querés venir a comer a mi casa?
Me di cuenta de la mirada ácida de Brigitte, ya que por lo visto, también iba a almorzar a su casa.
- Mmm... Si, dale ¡Ah no! – Dije haciéndome la tonta - ¡Cierto que hoy… hoy tenía que ir al doctor!
- ¿Al doctor? ¿Por qué? ¿Qué tenés?
- Ah no nada, voy para que me revisen nomás, últimamente me duele mucho la cabeza – Mentí.
Fanny se dio cuenta de mi mentira, y del por qué. Me contestó con una sonrisa y un “como quieras” y nos despedimos.
Me fui caminando lento, muy lento a casa. No tenía ganas de llegar y entrar a esa casa solitaria con olor a humedad de tanto encierro.
Me consolé pensando que podía abrir las ventanas lo mas que podía, porque cuando había alguien, siempre le molestaba que estén las ventanas abiertas, porque entra frío, o si no, mucho sol ¡Parecen vampiros!
Mis pasos lentos no sirvieron de mucho, mi casa estaba a solo 3 cuadras de la escuela, por lo cual llegue bastante rápido.
Estaba por abrir todas las ventanas, hasta que pensé que podía entrar algún ladrón o alguien podría estar espiando, así que me dio miedo y no lo hice. Decidí que la única que abriría sería la de mi habitación.
Así que subí escaleras arriba, entre a mi pieza, abrí la ventana y me quede un largo rato mirando en ella, en especial en el cielo ¿Allá estará? ¿Me está mirando? ¿Sabrá que la extraño?
Clave mis ojos en el cielo una vez mas y jure haber visto unos ojos grises que me miraban con ternura.
viernes, 5 de junio de 2009
La cámara de sueños - Capítulo 1
Un “tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii” insoportable me despertó, le pegué un manotazo al despertador para que se calle de una vez. Pero no. No se callaba el muy maldito porque parece que no lo apretaba correctamente, así q le pegué un segundo manotazo mas fuerte que el anterior que hizo que se cayera al suelo y se salieran las pilas ¡Que mas da! ¡Por lo menos se calló!
Me refregué los ojos tratando de ver mejor, ya que veía todo borroso porque aun estaba dormida y traté de recordar mi sueño. No podía recordarlo muy bien, solo una imagen borrosa, como mi vista. Una imagen de una mujer con unos ojos grises curiosos, con cierta picardía y calidez. Una melena negra como la noche con un brillo en su pelo que hacía acordar a las estrellas. Una sonrisa blanca. Pero más que nada, unos ojos grises que mostraban calidez, eso era lo más raro.
No pude evitar comparar los ojos de esta mujer con los de mi padre. Un gris frío e intimidante. Tal vez por eso era que me costaba tanto pensar en unos ojos grises calidos, estaba tan acostumbrada a esa mirada calculadora que se me hacia difícil pensar en una totalmente distinta ¿Cómo será esa mirada enojada? La de mi papá es horrible, como si te pegara con la mirada. Odiaba esa mirada, la odiaba como tantas cosas en mi vida ¡Había tantas cosas que me gustaría cambiar! De repente me puse triste ¡Otra cosa mas que odiaba! Siempre que pensaba algo bueno, me acordaba de algo malo.
Hay veces que me gustaría perder la memoria y olvidarme de todo mi pasado. Me ponía muy mal acordarme de él. De las veces que me quedaba sola en casa cuando era chiquita. De que siempre mi papá tenía que trabajar en el día del padre, entonces yo lo esperaba despierta hasta que el viniera y cuando llegaba, yo iba corriendo a su encuentro con un gran abrazo y dándole su regalo. Pero a él parecía no importarle, me decía que estaba muy cansado y que a la mañana lo abriría, sin siquiera un “gracias”.
Del día de la madre, en el que pasaba encerrada en casa pensando en como sería mi vida si ella estuviera a mi lado. Seguramente mucho mejor de lo que es, estoy segura de que estaría espantada si viera como la estoy pasando.
De que todos los días guardaba la esperanza de que mi papá alguna vez en su vida se diera cuenta de mi presencia, hasta que me di cuenta de que eso jamás pasaría. Yo no podía hacer nada para que me dedicara una sonrisa, un tiempo o un abrazo. Lo había intentado todo. Pero nada funcionaba: le hacía tarjetas, regalos, le contaba chistes, le recordaba constantemente cuanto lo quería, pero él nada.
Cerré mis ojos lentamente y traté de pensar en otra cosa, los abrí y me levanté. Me dirigí hacia la cocina donde estaban mi hermana mayor Yvonne, mi hermanita Bahía y mi papá. Amaba las mañanas, porque estábamos los cuatro por única vez en el día.
Yvonne estaba con el celular, seguramente mandando mensajes, Bahía comía cereales mientras jugaba a los juegos de la caja y mi papá leía el diario. Es decir, una mañana como cualquier otra. Me senté en mi lugar de siempre, me preparé el te y busque el pan y la mermelada para desayunar. Comía mientras miraba el vacío y pensaba, es decir, lo que hacia todas las mañanas. Todo estaba demasiado silencioso, como siempre. Para sacar conversación le comenté a mi papá que hoy posiblemente salía temprano porque la profesora de lengua tenía anginas. “Mmhhaaha” me contestó.
Él no era el tipo de padre que decía “no andes hasta tarde” o “Avisame cuando vuelvas”. No, yo podía volver a la hora que se me daba la gana porque el nunca estaba en casa para ver si llegaba temprano, y si lo estaba, no me daba bola, lo que era peor.
Yvonne interrumpió mis tristes pensamientos mirando la hora y diciendo “¡Que tarde se me hizo!” con todo de alarma. Se levantó estrepitosamente, buscó la mochila y cerró la puerta haciendo que todas las ventanas se movieran, como saludo. Así era ella. Estrepitosa, quiera o no, siempre llamaba la atención.
Para mi sorpresa, mi papá no se molestó por la torpeza de mi hermana, es más, miró el reloj, luego a Bahía y a mí y nos dijo:
- ¿Chicas no es hora de que se vayan?
Me este echando, pensé yo, pero no le dije nada. Agarré a Bahía de la mano y le dije que vaya a prepararse rápido así no llegábamos tarde. Ella me sonrío, siempre tan adorable, y se fue corriendo hacia su habitación. Yo me dirigí a la mía para sacarme mi piyama para ponerme el uniforme del colegio.
Cuando estuvimos listas agarramos nuestras mochilas y dije con tono frío y distante “Chau pa”. Mi hermana se acercó corriendo, le dio un beso en la mejilla y le dijo “Chau papi”, a lo que mi papá solo dijo “Chau chicas”.
Yo no pude evitar pensar en que la pobre pasaría lo mismo que yo, tendría la misma esperanza todos los días, hasta que crezca y se diera cuenta que él nunca iba a cambiar.
Me refregué los ojos tratando de ver mejor, ya que veía todo borroso porque aun estaba dormida y traté de recordar mi sueño. No podía recordarlo muy bien, solo una imagen borrosa, como mi vista. Una imagen de una mujer con unos ojos grises curiosos, con cierta picardía y calidez. Una melena negra como la noche con un brillo en su pelo que hacía acordar a las estrellas. Una sonrisa blanca. Pero más que nada, unos ojos grises que mostraban calidez, eso era lo más raro.
No pude evitar comparar los ojos de esta mujer con los de mi padre. Un gris frío e intimidante. Tal vez por eso era que me costaba tanto pensar en unos ojos grises calidos, estaba tan acostumbrada a esa mirada calculadora que se me hacia difícil pensar en una totalmente distinta ¿Cómo será esa mirada enojada? La de mi papá es horrible, como si te pegara con la mirada. Odiaba esa mirada, la odiaba como tantas cosas en mi vida ¡Había tantas cosas que me gustaría cambiar! De repente me puse triste ¡Otra cosa mas que odiaba! Siempre que pensaba algo bueno, me acordaba de algo malo.
Hay veces que me gustaría perder la memoria y olvidarme de todo mi pasado. Me ponía muy mal acordarme de él. De las veces que me quedaba sola en casa cuando era chiquita. De que siempre mi papá tenía que trabajar en el día del padre, entonces yo lo esperaba despierta hasta que el viniera y cuando llegaba, yo iba corriendo a su encuentro con un gran abrazo y dándole su regalo. Pero a él parecía no importarle, me decía que estaba muy cansado y que a la mañana lo abriría, sin siquiera un “gracias”.
Del día de la madre, en el que pasaba encerrada en casa pensando en como sería mi vida si ella estuviera a mi lado. Seguramente mucho mejor de lo que es, estoy segura de que estaría espantada si viera como la estoy pasando.
De que todos los días guardaba la esperanza de que mi papá alguna vez en su vida se diera cuenta de mi presencia, hasta que me di cuenta de que eso jamás pasaría. Yo no podía hacer nada para que me dedicara una sonrisa, un tiempo o un abrazo. Lo había intentado todo. Pero nada funcionaba: le hacía tarjetas, regalos, le contaba chistes, le recordaba constantemente cuanto lo quería, pero él nada.
Cerré mis ojos lentamente y traté de pensar en otra cosa, los abrí y me levanté. Me dirigí hacia la cocina donde estaban mi hermana mayor Yvonne, mi hermanita Bahía y mi papá. Amaba las mañanas, porque estábamos los cuatro por única vez en el día.
Yvonne estaba con el celular, seguramente mandando mensajes, Bahía comía cereales mientras jugaba a los juegos de la caja y mi papá leía el diario. Es decir, una mañana como cualquier otra. Me senté en mi lugar de siempre, me preparé el te y busque el pan y la mermelada para desayunar. Comía mientras miraba el vacío y pensaba, es decir, lo que hacia todas las mañanas. Todo estaba demasiado silencioso, como siempre. Para sacar conversación le comenté a mi papá que hoy posiblemente salía temprano porque la profesora de lengua tenía anginas. “Mmhhaaha” me contestó.
Él no era el tipo de padre que decía “no andes hasta tarde” o “Avisame cuando vuelvas”. No, yo podía volver a la hora que se me daba la gana porque el nunca estaba en casa para ver si llegaba temprano, y si lo estaba, no me daba bola, lo que era peor.
Yvonne interrumpió mis tristes pensamientos mirando la hora y diciendo “¡Que tarde se me hizo!” con todo de alarma. Se levantó estrepitosamente, buscó la mochila y cerró la puerta haciendo que todas las ventanas se movieran, como saludo. Así era ella. Estrepitosa, quiera o no, siempre llamaba la atención.
Para mi sorpresa, mi papá no se molestó por la torpeza de mi hermana, es más, miró el reloj, luego a Bahía y a mí y nos dijo:
- ¿Chicas no es hora de que se vayan?
Me este echando, pensé yo, pero no le dije nada. Agarré a Bahía de la mano y le dije que vaya a prepararse rápido así no llegábamos tarde. Ella me sonrío, siempre tan adorable, y se fue corriendo hacia su habitación. Yo me dirigí a la mía para sacarme mi piyama para ponerme el uniforme del colegio.
Cuando estuvimos listas agarramos nuestras mochilas y dije con tono frío y distante “Chau pa”. Mi hermana se acercó corriendo, le dio un beso en la mejilla y le dijo “Chau papi”, a lo que mi papá solo dijo “Chau chicas”.
Yo no pude evitar pensar en que la pobre pasaría lo mismo que yo, tendría la misma esperanza todos los días, hasta que crezca y se diera cuenta que él nunca iba a cambiar.
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